Abre en La Pequeña Habana la primera fábrica de chocolate de Miami

Abre en La Pequeña Habana la primera fábrica de chocolate de Miami

En este edificio de 1,200 pies cuadrados, en la Calle Ocho y la 27 Avenida, Carolina Quijano es la única persona en la ciudad que elabora el chocolate directamente del grano.
En este edificio de 1,200 pies cuadrados, en la Calle Ocho y la 27 Avenida, Carolina Quijano es la única persona en la ciudad que elabora el chocolate directamente del grano. Emily Michot emichot@miamiherald.com

Haga una lista de las cosas que le vienen a la mente cuando piensa en La Pequeña Habana, y en la parte superior de la lista estarán el café cubano y los tabacos hechos a mano.

Casi al final de la lista: el chocolate.

Carolina Quijano quiere cambiar ese orden.

Del otro lado del cartel que da la bienvenida en la entrada de La Pequeña Habana, en la Calle Ocho y la 27 Avenida, Quijano está haciendo realidad sus sueños con la primera fábrica de chocolate de Miami. Y ella espera despertar el apetito de Miami por el chocolate hecho en casa.

En este edificio de 1,200 pies cuadrados, Quijano es la única persona en la ciudad que elabora el chocolate directamente del grano. Es decir, ella importa los granos de los cosechadores de cacao que ha visitado, los hace chocolate y los transforma en las golosinas que representan el nombre de su empresa: Exquisito Fine Chocolates.

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“Quiero que cuando la gente piense en el chocolate en Miami, piensen en nosotros”, dijo.

Primero tendrá que convencerlos de la misma forma que le pasó a ella: probando el chocolate como nunca antes lo había hecho. Un amor por el chocolate que nació en París.

Quijano, de 33 años, ya era adicta al chocolate cuando viajó a París en el 2013 para un trabajo de consultoría de administración muy bien pagado que la tenía volando 150,000 millas al año.

Graduada de la Universidad de Miami, había tomado clases básicas de elaboración de chocolate en Miami Dade College en su tiempo libre. Sabía lo difícil que es derretir, moldear y trabajar con chocolate.

Pero después de probar un chocolate caliente suave y aterciopelado en la ciudad de Montmartre, no podía dejar de pensar en ello.

“De regreso en el avión estaba absolutamente obsesionada”, dijo.

Pasó el año y medio siguiente haciendo chocolate en su apartamento de 450 pies cuadrados en el Upper East Side con cosas que compraba en Michael´s, mientras todavía trabajaba en su exigente trabajo.

“Me quedaba despierta hasta las 3 de la mañana, solo experimentando”, dijo. “Ese fue mi entrenamiento”.

Quijano aprendió algunos trucos sobre el tema en YouTube, donde otros fabricantes artesanales de chocolate —“un grupo en internet de ‘nerdos’ del chocolate”, según dijo— compartirían ideas. Aprendió cómo modificar un extractor de jugos para quebrar los granos de cacao y usar una aspiradora de la tienda para separar las semillas de cacao de la cáscara.

Sus amigas obtenían muestras en cartuchos con cuestionarios, pidiéndoles que calificaran las diferentes características de su chocolate. Es el tipo de encuesta que estaba haciendo para su trabajo de consultoría.

Luego el corazón le dio un salto. “En el momento en que lo probé, me derretí”.

Decidió entonces echar mano a sus ahorros y probar suerte para convertirse en una chocolatera a tiempo completo.

“[Tener ahorrado en] el 401k es genial, pero esto es aún más genial”, dijo.

Le dio un plazo de dos años. Se mudó a Miami, donde viven su madre y su hermano, una ciudad en la que siempre se sintió como en casa, a pesar de que nació aquí pero creció en Barranquilla, Colombia. Mudó los equipo de derretir que adquirió en Michael´s y los suministros improvisados ​​de YouTube a un almacén en el oeste de Kendall y comenzó a hacer chocolate.

Utilizando sus cientos de miles de millas aéreas de sus días en la vida corporativa, visitó granjas de cacao administradas por familias para obtener los granos. Buscaba calidad, pero también granjas que pagaran a los trabajadores de manera justa y utilizaran métodos sostenibles para cultivar árboles frutales. Cao Chocolate, en Redland, es el otro chocolatero en el sur de la Florida que produce chocolates directamente del grano.

Quijano regresó a Miami para hacer chocolates diferentes de cada una de las siete granjas en seis países diferentes: Colombia, República Dominicana, Ecuador, Guatemala, Haití y Perú.

Llevó sus chocolates a algunas de las tiendas de dulces más admiradas de Miami, como Azúcar Ice Cream y el Salado Donut, y a ellos les encantó.

“En el momento en que los probé, me derretí”, dijo la dueña del Azúcar, Suzy Batlle. “Estoy encantada. El público está encantado. Puedes saborear la diferencia”.

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